DEJEN EN PAZ A FRANCISCO  

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 “En momentos en que la religiosidad está en declive se convierte en urgencia para las instituciones religiosas encontrar y ejecutar estrategias  de marketing que propicien el aumento de su aceptación  por parte del público creyente o no; por lo cual, ineludiblemente se llegará a un estado de  farandulización de  tales organizaciones, acudiendo a veces  como medio al carisma de sus principales representantes para generar una falsa empatía actuada por conveniencia para asegurar la sostenibilidad de la empresa religiosa.”

Ese sería el comienzo de un ejercicio crítico de un ateíllo pseudo-intelectual, dicho así porque ahora ser ateo es más moda que tener sólidos argumentos y fundamentación científica. Aunque afortanadamente perdida esa argumentación, pues es sinónimo de agresión y búsqueda de una verdad parcial. ¿Para qué argumentar si podemos insultar? De algo estamos orgullosos los colombianos y es de nuestro método inventado para alcanzar la verdad; pero no una relativa y diferente en cada persona sino una colectiva, la cual solo podremos alcanzar por medio del insulto -pero cuidado los no colombianos, es uno hecho de manera constructiva-. Sócrates tiene la mayéutica, nosotros tenemos la imbecilidad. ¡Ah! y sin olvidar que de la selección también estamos orgullosos -¡oh profetas que dan esperanza al pueblo!-.

Pero el objetivo no es atacar ateos ni contar las incontables razones por la cuales nos sentimos orgullosos de ser colombianos; lo es el defender al Papa Francisco, el cual no necesita de introducciones ni genuflexiones (manifestaciones de humildad, expresión de fe y veneración) pues la humildad está en él implícita y explícitamente, los protocolos sobran. Él -que es pura nobleza- ha sido acreedor de apariciones en los medios más importantes del mundo, donde resaltan sus desbordantes virtudes y en segundo -casi tercer- plano su popularidad. Buen ejemplo es la revista Rolling Stone, que lo destacó en su portada como toda una rockstar; y cómo no hacerlo si a sus espaldas trae consigo la cruz símbolo de revolución de la moral cristiano-católica. ¿Cómo no? Si con solo verlo nos trae el recuerdo de los Beatles y su revolución de amor por medio de música progresiva y letras contundentes “¡Love! ¡Love! ¡Love!” -cantemos todos-, porque lo que necesitamos es amor, no es educación, ni salud, ni una vida digna; y que lo diga Kurt Cobain -alma bendita-, al cual no le bastó el éxito de su música, el apoyo y el de sus fans y su familia;  Kurtcito lo que quería era amor en el mundo y por culpa nuestra se suicidó. Mal llamado suicidio, pues es un irrespeto que muchos piensen que lo suyo era un desorden mental cuando lo que hizo fue un sacrificio por la humanidad; él es claramente el Jesús de nuestros tiempos -con justa razón somos tantos los believers en ti, ¡oh salvador Cobain!-.

De esta manera Francisco quiere revolucionar el mundo, con mensajes de paz y aceptación al otro; porque con acciones se llegaría al sensacionalismo -muy bien aprendió de muchos ídolos del rock-. El Santo Padre quiere cambiar la iglesia, pero no haciéndola renunciar a una de las riquezas más grandes del mundo -¡faltaba más!-, pues tal acto se notaría como un intento por llamar la atención y ganar fieles por medio de la conmoción que se generaría por obra y gracia de los medios de comunicación; bastante tiene su santidad con el haber sido nominado a personaje del año por la revista Time como para arriesgarse a hacer tan inmensa donación, ¡hasta un premio nobel de paz le darían! Pero por razones obvias él quiere evitar la farándula, suficiente tiene el pobre con que le hayan creado una aplicación para móviles y un fanzine: el magazine donde se cuentan sus pensamientos, sus visitas, sus intimidades, sus chismes -lástima que lo de su vida sexual
esté censurado-.

Por todo esto yo apoyo al Santo Papa Francisco; y de la farandulización de una autoridad eclesiástica ¡Dios nos libre!

ADIESTRAMIENTO DESDE LAS AULAS

Dunce-cap¿Por qué está devaluado el rol del docente en la actualidad? Porque el ser humano tiende a escudriñar dentro de lo no visible, no valora lo que se encuentra frente a sus ojos y tiende a una compulsiva obsesión por la inconformidad y la crítica sin fundamentos, crítica mamerta.

Los estudiantes no comprenden el determinantemente productivo y positivo papel que tienen los docentes en el adecuado funcionamiento de la sociedad por medio de sus aportes a la homogeneización de los comportamientos en cada uno de los ámbitos (social, económico, cultural, humano, religioso, sentimental, sexual). ¿Qué sería de ella sin su noble labor? Ellos son los primogénitos del sistema que por medio de su honorable ejemplo nos enseñan la importancia de la disciplina, la obediencia, la conservación autoritaria y el consumo de ideas; para qué la reflexión y la experimentación cuando el mundo ya se encuentra descubierto y ellos nos lo ofrecen en forma de verdad absoluta, porque para qué aprender si nos pueden enseñar.

Los docentes son los enseñantes de las herramientas necesarias para sobrevivir a la vida y llegar a ser alguien por medio de una competencia agresiva que nos impulsa a la consecución de objetivos sin importar los medios, pues seremos nadie si no poseemos la capacidad de sumisión necesaria para ser adiestrados; en ningún lugar se requiere de un empleado con capacidad crítica,  creatividad, recursiva y experimental, qué relevancia puede tener esto cuando hay individuos presentando currículos con muy altas calificaciones. No somos personas, somos servicios clasificados de acuerdo a escalas que aunque con certeza no sabemos qué es lo que miden, son bastante objetivas. El desarrollo curricular es lo primordial, el contenido está por encima del sujeto; mientras los docentes lo saben muy bien, nosotros lo ignoramos, de ahí nuestra falta de reconocimiento a su oficio.

El estado es el único que reconoce su labor pues de ellos depende la sostenibilidad del sistema basado en un tipo de absolutismo ilustrado; donde no se necesitan educadores sino enseñadores, ya que el conocimiento está para imponerlo, por el bien del individuo y la sociedad.

El ser humano en medio de su arrogancia se niega a destacar la maestría de los docentes pues no soporta que uno de sus iguales esté por encima de él como consecuencia de nada más que el simple hecho de poseer conocimiento. Por otro lado, yo, un estudiante promedio -por no decir mediocre-, haciendo un gran esfuerzo por lanzar un juzgamiento de manera lúcida y objetiva, valora el oficio del docente y su trasfondo; un estudiante que se esfuerza por algún día superar los estándares establecidos para así adquirir algo de valor en el mercado laboral y por ende, como persona. Consecuencia de lo anterior, apoyo el adiestramiento público, gratuito y obligatorio.

Llevamos siglos aplicando el mismo modelo de enseñanza y aún no comprendemos el verdadero significado de educación y la trascendencia del oficio de nuestros docentes; esos profesores de dogmas que adoctrinan discípulos para la docilidad y el decente comportamiento dentro de una sociedad que debe su armonía a métodos ortodoxos y el rechazo de lo diferente.